Marruecos '12

 

Este es el relato, a cargo de "El Timbre", de nuestra segunda aventura fantástica al imperio del off road durante más de 3.000 km. en siete magníficos días inolvidables. En esta ocasión se apuntaron 2 amigos más por lo que eramos cuatro.

Empiezo hablando de los jinetes y después hablaré de sus “burras”.

“El Pica”, es el jefe de la manada y organizador del viaje. El sabrá las horas que le ha dedicado para marcarse todos los waypoints del recorrido y trasladarlos al GPS.

“El Son”, es su ayuda de cámara, equipado con otro GPS y portando la ruta.

“El Nota” un enamorado de Marruecos y le encanta perderse en ese país. Pero ¡ojo!, perderse con ciertas comodidades. Lo de este viaje ha sido una excepción para él, que recordará mientras viva. Su misión era inmortalizar los paisajes y a sus habitantes, aunque al pobre no le dejábamos mucho tiempo para recrearse, aún así ha hecho más de 300 fotos ¡Qué disparate!

“El Timbre”, el último del paquete, porque entre otras cosas odia el polvo, y fíjate si tuvo que tragar polvo el pobre al ser el que cerraba el grupo. Su misión era de reportero del viaje, ayudado por "El Nota”, para la documentación gráfica.

 

LAS BURRAS: “El Pica”, un tío de casi 1’90, debe llevar buena montura, al menos de tamaño, haciendo honor a la envergadura del jinete. Hablamos de una Suzuki DR Big con motor de 800cc y monocilíndrico. Menudo pistón. Una moto ya de años pero “El Pica” la monta y desmonta cada vez que quiere, la tiene a la última. El mismo le cambió el motor original de 750cc por uno de 800cc. Una máquina de motor y de tío.

“El Son”, hombre más moderado de estatura, se ha atrevido a traer ni más ni menos que una BMW 1200GS. Una moto muy versátil pero para determinados terrenos, si no fuera por las manos del jinete no hubiera podido salir de determinadas situaciones. Un verdadero piloto.

“El Nota”, el más maduro del grupo, suple si desventaja en cuanto a edad, con la maquina más idónea para este viaje, una KTM 640 Adventure con el depósito grande, su reserva salvavidas, etc.

“El Timbre”, ha tenido mas suerte con su burra…, ahora os cuento. El siempre ha tenido una Honda Dominator 650cc, pero como es un desastre en cuanto a mantenimiento y despues de 20 años de ser maltratada hasta esa moto la palmó. Para este viaje se compro por Internet otra Dominator en poco dinero y al lío. Eso sí, “El Pica” le echo un vistazo y tras cambiarle los neumáticos por unos de tacos y las pastillas de freno le dio el “OK”. La moto estaba nueva y no dio ningún problema.

 

EL VIAJE: El planteamiento era muy simple, unos cuantos puntos marcados en el GPS, que determinaban una ruta y a la puta aventura. Algunas piezas de recambio, dos aficionados a la mecánica, algo de comida, tiendas de campaña y a correr. Donde se nos hacia de noche parábamos y cuando teníamos hambre calentábamos agua, sobres de sopa instantánea y lonchas de jamón, chorizo y salchichón ibérico con algo de pan que recogíamos, carretera y manta.

Día 1 Casa – Almería

 

 

Punto de salida, Hotel Lo Monte en Pilar de la Horadada (Alicante) a las 5pm del 11 de octubre de 2012. Rumbo al puerto de Almería a coger el Ferry hacia Melilla. El barco zarpaba las 11’30pm. Al llegar al punto de encuentro, chaparrón otoñal que nos dejó fresquitos.

“El Nota”, como siempre se retrasó, según él porque tuvo que trabajar. Nota curiosa, a la despedida, la familia de “El Son”, apareció para despedirnos. Su padre, un gran aficionado a las motos hubiera dado lo que fuera por ser más joven y podernos acompañar. Y su hijo, hubiera dado lo que fuera por ser algo más mayor y acompañar a su padre… el próximo seguramente se vendrá.

 

Durante el trayecto hasta Almería, bastante aburrido por la autovía, tuvimos el primer susto. Al “Pica” no se le comunicaban los dos depósitos de gasolina y hubo que parar para solucionar el problemilla, lo que duró na de na!

Segundo susto, ya de noche, la KTM del “Nota” se le para, el diagnóstico: llevaba la llave en posición de reserva y se le quedó sin gasolina, pero ahí estaba su KTM con la reserva “estratégica salvavidas”, que lo sacó del apuro y pudimos llegar a una gasolinera. Ya en el puerto de Almería, “El Pica” se dedica a sacar los tickets previamente reservados mientras los demás van a la cafetería por el bocadillo de tortillita “por si las moscas”.

El barco de la compañía Acciona, muy bueno y bastante cómodo. Cenamos, dormimos en las butacas, pero estábamos rodeados de morros durmiendo en el suelo, cosa bastante habitual, porque conforme iban entrando desplegaban sus mantitas sobre la moqueta aún a pesar de que el barco iba a media carga de pasajeros. A las 8 am del 12 de octubre, estábamos atracando en Melilla.

Día 2 Melilla – Tendrara

 

 

Cogemos las motos, salimos del puerto con dirección a la frontera y nos encontramos “la marabunta”, dios qué follón, coches en cola pitando, gente por todos los sitios, moricos que te ofrecían agilizarte los trámites, cojones “qué caos”! Pero ellos se entienden y además bastante bien. Tomamos la decisión de pagar, al final fueron 20€ y en 40 minutos ya habíamos pasado los trámites. Si no pagas, te tiras mínimo 4 horas. Parada para llenar los camelbags de agua fresca y ruta. Bajamos paralelo a la frontera con Argelia, y nos adentramos en el Plateau de Rekkam, que es como una altiplanicie inmensa, donde apenas hay vida ni civilización. Paisajes que te hacen sentir que estás en el fin del mundo, sin nada ni nadie a tu alrededor en muchos, muchos kilómetros. El terreno el llano con unas pistas naturales impresionantes, las cuatro motos en paralelo y a tope.

Acojonante. Había que llevar cuidado dado que existían tramos con barro, producto de lluvias recientes y apenas te lo marcaba el terreno. Y debido a la velocidad tuvimos algún susto. Perdimos varias veces la ruta, pero “el Pica” nos reorientaba y al final dábamos con ella. Eran pistas muy someras que con las lluvias seguramente desaparecieron. Cuando la perdíamos tocaba ir campo a través y al final siempre dábamos con ella, porque entre “el Pica” y “el Son” se hicieron verdaderos expertos en el dominio del GPS. Tuvimos que cruzar un río que por las lluvias iba crecidito y “el Timbre” se quedó atascado en una especie de fango-cieno de color negro que tuvo que precisar del empuje del Pica y del Nota para sacar la moto y donde al bajarse para empujar metió la bota en el puñetero fango, le entró agua por la parte de arriba y por la noche en la tienda aquello olía a gloria. Acortamos unos Km. por carretera porque se nos hacía de noche para montar la tienda, y queríamos acampar cerca de Tendrara, un poblado donde no había nada para pernoctar, lo cual ya sabíamos.

Se nos hizo de noche montando las tiendas “El Pica, el Son y El Timbre” en la tienda que llevaba “El Son” en la GS y “El Nota”, castigado en una individual por ser un tenor de la noche. Después de montarlas tiramos nuestra mantica, pusimos el hornillo nos hicimos unas sopicas, después nuestro bocata de ibéricos y los capuchinos con unos tapones de McCalan que llevaba “El Nota” y los racionaba como si fuera oro en paño.

Estábamos fundidos y nos fuimos a intentar dormir. El día había sido largo y al día siguiente tocaba levantarse a las 6’30am, desmontar la tienda de noche y al amanecer había que estar encima de las burras. La noche transcurrió tranquila, con la música del tenor de fondo y nada más acostarnos algo merodeando alrededor de las tiendas intentando comerse las sobras de la cena, pero no fuimos capaces ninguno de levantarnos a ver que era, por si acaso…

 

 

Día 3 Tendrara – Erfoud.

 

 

Al levantarnos, nos acercamos al pueblo que estaba como a 5 Km. para echar gasolina, comprar pan y desayunar pero nos encontramos con que era demasiado temprano y la gasolinera todavía no estaba abierta. A la entrada del pueblo nos hace parar un policía que al oír el ruido de las motos salta de su caseta y nos detiene para un control rutinario. Con toda la amabilidad se toma nota de las 4 matriculas en un trozo de papel arrugado donde solo le cabía 1 y el lápiz era tan corto que casi no lo podía tener entre sus dedos. Una vez “controlaos” se despide y nos adentramos en el pueblo. Estaba amaneciendo pero pronto apareció un paisano que nos llevó a las afueras del pueblo donde un individuo nos vendió gasolina de extrapelo, cosa bastante habitual allí, de un color rojizo, que sepa Dios lo que llevaría pero eso sí, olía a gasolina. Para estos menesteres, el previsor de “El Pica” se llevaba unos filtros de papel que servían para que no llegara la “mierda” a los depósitos. Había que ver como se quedó el filtro. Ese mismo paisano tenía en frente una pequeña tienda de ultramarinos y nos tomamos unos zumos de la marca Rostoy, española, con unas galletas que nos supieron a gloria. “El Nota y “El Timbre” entraron en el bar del pueblo y salieron sacudiéndose los pies, porque había más “mierda que en el palo de un gallinero”. Acto seguido, carretera y manta, de nuevo al Plateau de Rekkam. Impresionante. Pistas kilométricas pero este día con mucha piedra pequeña, aún así podíamos ir a buen ritmo para hacer los 380 Km. que teníamos por delante.

Paramos a comer en una gasolinera de Boudnib donde lo único que había eran huevos, y nos hizo el hombre unas tortillas francesas que nos supieron a gloria. Siguiendo la pista hasta llegar a la N13 que nos llevaría a Erfoud, esa tarde nos encontramos con un camión holandés que se estaba preparando para el París-Dakar, nos lo encontramos parado en dirección opuesta a la nuestra, nosotros seguimos la marcha pero a los 15 minutos se nos acercaba algo que desprendía un ruido como de un platillo volante y como no le dejábamos paso no le quedaba otra que salirse de la pista. Nos pasó a 15 metros por nuestra izquierda a más de 100 Km./h, nosotros iríamos a 60 pero con una potencia, un señorío y sobre todo con una polvareda que tuvimos que parar durante un buen rato porque no se veía un carajo. Es lo que tenían estas pistas por la tarde: mucho polvo. Después de Beni-Tajjite al salirse de la pista para hacer alguna foto, al Pica se le voltea la moto en la arenilla y en una bajada muy complicada por las piedras grandísimas, “El Nota” besa el muro de piedra que hacía de quitamiedos y que impedía que nos fuéramos por un precipicio de cojones, pero con la KTM sale indemne, faltaría más.

Al atardecer nos perdimos, se nos hizo de noche y no fuimos capaces de encontrar la ruta y fuimos a parar, guiados por una luz en la lejanía y soledad de la noche a una tienda de Tuareg con quienes no fuimos capaces de articular palabra. No sabían más que un dialecto árabe, nada de francés así que, como estábamos cansadísimos si que fuimos capaces de pedirles cobijo, lo cual muy amablemente nos lo facilitaron porque lo que se dice ganas, ganas de montar la tienda no teníamos, así que echamos nuestros aislantes y después de intercambiar gestos agradables, rechazar su comida porque olía… joder como olía, igual que la tienda. Pobrecillos, sacamos nuestros bocatas, dos bocaos y al saco. El asunto ya empezaba a requerir, con urgencia de una ducha, igual daba fría que caliente, pero ducha al fin y al cabo, cosa que esta segunda noche tampoco fue posible.

 

Día 5 Kasbah Ouzina – Zagora

 

Todo el mundo nos venía hablando que en esta ruta camino a Zagora, nos encontraríamos con un río de arena de unos 5 kilómetros de ancho y donde siguiendo la pista principal no se podía pasar con nuestras burras debido al peso de las mismas y a lo trillado que estaba el paso, debido a las ruedas de los vehículos y que convertirían el paso en una trampa para nuestras motos. Así que nos ofrecían contratar un vehículo que nos llevara nuestros aparejos y así las motos podrían ir más ligeras, pero nos pedían 300€ y os pereció un disparate. La otra opción que nos ofreció el bereber que hablaba español, era contratar una “mobylette” que nos guiaría por una ruta más corta, unos 3 Km. y arena virgen lo que haría el paso del famoso río de arena más fácil. Le dijimos que adelante y a las 10 de la noche llamó a un muchacho joven que por 50€ nos acompañaría. Nos pareció mucho dinero, teniendo en cuenta que por unas horas de trabajo nos querrían cobrar el sueldo de medio mes y decidimos ejercitar nuestra capacidad de negociación y le ofrecimos 30€. El muchacho dijo que 40€ y nosotros no nos movíamos de los 30€. Tras una larga negociación, ya sobre las 11 de la noche dijo que no y se largó a su pueblo que estaba en el quinto pino. A nosotros nos daba igual 30, 40 ó 50€, pero queríamos ver la capacidad de negociación de esta gente que todo lo discute y llegan hasta el limite. Y así fue, el muchacho se volvió de noche a su casa con su mobylette tras decir que40€ o nada y nosotros atascados en 30. Sabiendo que nosotros salíamos a las 6 de la mañana se presento a las 5’30 en la Kasbah, aceptando los 30€ que le ofrecimos. Son negociadores natos.

Salíamos rumbo a Zagora y a unos 30 Km. nos encontramos con el famoso río de arena que no es otra cosa que una gran rambla entre dos formaciones montañosas de tipo medio, totalmente seco, pero que en sus días de lluvia y avenida, arrastra arena y limos, y para cruzarlo, con nuestras motos hay que pensárselo porque parecía el lecho como de polvos de talco.

Pero he ahí que se obró el milagro, una simple mobylette, y un chaval experto nos sacaron del apuro. Empezó a zigzaguear por la arena buscando la máxima dureza, y nosotros a intentar seguirle y cada vez que se paraba para mirar atrás siempre había uno de nosotros clavado en la arena. Fue duro, sobre todo con la moto más pesada, la BMW del “Son”, el pobre sufrió lo que no está escrito. Todos hubiéramos, en aquel momento, querido cambiar pelo a pelo, nuestras motos fantásticas por aquella moto pequeña simple y viaja que se manejaba por la arena como si flotara ¡Que decepción, ser salvados por una Mobylette! Verlo para creerlo. El chaval fue fantástico, ya no se acordaba de la dura negociación de la noche anterior y al final le dimos, una vez cruzado el río, los 40€ que pidió. Pero como siempre ocurre, después de la dureza del río, nos encontramos con el paraíso. Eso era la madre de todas las pistas, una zona llana, de unos 5 Km. de ancha, enclavada también entre unas elevaciones montañosas y con más de 50 Km. de longitud nos permitió quitarnos el sudor y sacrificio del río. Pusimos las 4 motos en paralelo a una distancia de 100 metros cada una de la otra y a enroscar a tope, sencillamente divino, parecíamos los dueños del mundo. El “Son” con la GS llegó a los 160 Km./h todo un espectáculo que disfrutamos cada uno de los 50 Km. de esa pista. No olvidaremos jamás esos momentos de placer intenso y muy muy prolongado. Terminada esa pista se convirtió, en virtud del paso, en otra muy polvorienta y teníamos que dejar bastante espacio el uno del otro para no emborracharse de polvo ó FesFes como le llaman allí. Acortamos el tiempo porque los últimos 70 Km. antes de llegar a Zagora, lo habían arreglado con zahorra y era como una autopista para las motos. A la salida del terreno duro y polvoriento y antes de entrar en la “autopista”, allí nos esperaba en su 4x4, cual araña que espera a su presa “Mohamed El Gordito”, un simpático mecánico que espera con su Todo Terreno los vehículos que salen averiados después del río. La superpista y la pista de polvo, unos 250 Km. que hacen que siempre algún vehiculo la palme o salga con una herida. Y allí cazó al “Pica” que con las altas velocidades, el punto de soldadura que le dieron volvió a soltarse toda la parafernalia que lleva delante y hubo que pasar otra vez por el quirófano del “Gordito”. Así reza en el rótulo de su taller “El Gordito” Allí había reparando dos 4x4 de unos madrileños, un Jeep Cherokee y un Land Cruise francés. Allí en el taller el “Nota” y “El Timbre” aprovecharon para limpiar el filtro de aire, engrasar la cadena y lavar sus motos porque del barro y polvo ya no se veía la matricula. Atención Sres., arreglar la moto del “Pica” y el engrase y lavado de las otras 2 motos por 15€ ¡Que os parece!

Llegamos al Hotel en Zagora muertos de sed, hizo bastante calor todo el día y como acortamos los últimos kilómetros por la famosa “autopista de zahorra” a las 6 pm ya estábamos en el destino de esta etapa: Zagora. Pues desde las 6’30 a las 9, hora en que cenamos, nos soplamos unos cuantos botellines de esa cervecita “Speciale” uno dice que fueron 30…… entre los 4, claro. En la cena 2 botellitas más de vino tinto, así que nos quedamos agustitos. Había que festejar el cumple del “Son” 49 tacos, el benjamín del grupo.

 

 

Día 6 Zagora – Ouarzazate

 

De Zagora a Ouarzazate es dirección Sur-Norte, pero nosotros por exigencias de la ruta marcada nos llevó más al sur, hasta Foum-Zguid, para después ir subiendo al norte. Ruta normal con mucho polvo y pistas sin dificultad hasta medio día. Comimos nuestro menú de medio día durante este viaje, sopita caliente y bocata de ibéricos. Paramos en la única acacia que se veía en kilómetros con mucho cuidado porque desprende de sus ramas unas pinchas de más de 3 cm que se clavan y te pinchan la rueda en menos que canta un gallo. Pero allí estaba el jefe, también apodado “El Pica” que nos advirtió del peligro. Tomado el tentempié salimos y nos empezamos a encontrar unos montes más secos que el desierto, oye, ni un simple matorral y comienza la pista a subir y a subir y nos encontramos con unas vistas espectaculares. El camino con cierta dificultad y riesgo, muy técnico pero bonito y al final una vista grandiosa, un valle que parecía el cielo, verde, bonito… Marruecos es un país de muchos contrastes. Pistas y más pistas y al final unos 40 Km. antes de llegar a Ouarzazate una pista ancha de piedrecitas pequeñas en donde el “Timbre” harto de tragar polvo mete la directa y sabiendo que era todo tieso hasta Ouarzazate, se pone primero y por fin respira aire fresco. Fue uno de los mejores momentos del viaje para él, quiso tirar adrenalina y derrapando con la gravilla lo pasó de cine. A la entrada de la ciudad de Ouarzazate u con vistas a un pantano se fumó un pitillo que le supo a gloria después de tanta tensión. Al poco tiempo llegaba “El Nota” y algo después “El Son y El Pica”. Ya de noche llegamos a un Hotel de los posibles que teníamos y seguimos las coordenadas del mismo, ya prefijadas en la ruta y nos llevaron a un hotelito de “palico y pedrá” como se dice en la Vega Baja y además sin “bière”, cosa que no volvería a ocurrir porque a partir de ahí, lo primero que preguntaríamos, antes de pedir habitaciones, era saber si había cerveza. Los Árabes no venden alcohol, salvo en hoteles muy turísticos e internacionales. Pero nos arreglamos la vida mandando al botones de turno a que nos la trajera de un súper cercano, así como dos botellas de vino.

 

Día 4 Erfoud – Kasbah de Ouzina

 

Salíamos de allí al amanecer y tuvimos que buscar un pueblo porque al Pica se le rompió el soporte donde llevaba los GPS y el rutómetro eléctrico que compramos hace ya algunos años cuando hacíamos rutas por España. En Marruecos cualquier pueblo tiene taller de soldar porque allí todo, todo y todo se arregla o se repara y algunos puntos de soldadura son la solución a casi todo. Eso nos hizo desviarnos de la ruta y decidimos ir a comer a las dunas de ERG-CHEBBI, en una Kasbah frente a estas dunas que te ofrecían un paisaje espectacular.

Mira que uno está acostumbrado a ver dunas por aquí pero cuando te encuentras frente a verdaderas montañas de arena durante kilómetros y kilómetros te quedas boquiabierto ¡Que pasada! Una pena que con el peso de nuestras motos solo las pudimos observar, el adentrarse era imposible. En la Kasbah, el dueño, un bereber que había estudiado en Valencia y conocía perfectamente Alicante, sus calles, a la Alcaldesa Sonia Castedo y más gente etc. ¡Que pequeño es el mundo!

Nos atendió extraordinariamente bien y allí nos presento a Jordi, un catalán, que estaba probando ganarse la vida con 6 quads que alquilaba para hacer rutas por las dunas y tenía algo de sociedad con el “bereber-Alicantino”. Entre cerveza y cerveza, el Jordi se arranca a invitarnos a probar los quads por las dunas y señores ¡Que gozada! Una experiencia única que se debe hacer si se presenta la ocasión. Nos dijo Jordi que tenía una Web donde ofrecía mucha información (http://www.qdequads.cat). De allí, con unas cuantas cervecitas en el cuerpo y un buen tajín de cordero que nos echamos entre pecho y espalda, ponemos rumbo a Ramlia. Por cierto el tiempo hasta ahora espectacular.

Estamos ya en el sur, zona desértica, pasamos las de Caín, mucho calor, mucha arena y mucha dificultad. ”El Nota” hunde su moto hasta el gollete de la rueda trasera se pudo bajar y la moto se quedo recta, hincada en la arena. Para sacarla tuvimos que excavar junto a la rueda, tumbar la moto para que al ponerla recta de nueva se quedara encima de la arena, un espectáculo. No pudimos llegar a Ramlia, que era nuestro objetivo, nos quedamos a unos 30 Km. Agotados por la dificultad del terreno encontramos cerca de la ruta una Kasbah al anochecer que nos pareció el Hotel Ritz de Madrid. Hay que ver con que poco se conforma uno cuando pasa necesidad. Nos quedamos mirando las vistas durante unos minutos antes de dirigirnos a descansar. Nos moríamos por una ducha y una cama aunque no fuera buena.

Allí estaba la Kasbah en medio de la nada, con electricidad a base de un generador así que entrabas a las habitaciones y tenías que encender las linternas de cabeza que llevábamos, apenas se veía pero había agua caliente y una ducha que fue una bendición. Tres días de sudor y polvo se colaron por el agujero de una ducha que seguramente los devolvería de nuevo a la arena del desierto. Allí nos encontramos a un bereber muy amable que hablaba español que aprendió hablando con la gente española que a menudo pasaba por este lugar. De cenar nos dio lo único que había, como no, tajín de pollo y ensalada. La ensalada espectacular, la mejor que comeríamos en este viaje. Después de la cena y la tertulia con los amigos y el bereber tocaba ya acostarse. El colchón de la cama era lana de borrego y la almohada también pero esta última, al menos la mía, estaba como metida a presión y perecía un cañón de lo dura que estaba. (http://www.ouzina.com/)

 

 

 

 

 

 

Día 7 Ouarzazate- Khenifra

 

Acostumbrados, salimos temprano en dirección a la garganta del Dades, al principio carretera porque la pista se había convertido en algo de asfalto, y pudimos comprobar que el turismo esta llegando a estos parajes! Como de todas formas teníamos que comprar pan, decidimos parar a tomar un café al ver un Bar en frente de un supermercado y así calentarnos un poco. El Son y El Timbre compraron pan y algunas chocolatinas para las emergencias y después nos fuimos a tomar ese café al sol, que nos pareció buenísimo. No sé si por el propio café o por lo bien que se estaba en la terraza, al sol y con unas vistas maravillosas sobre el valle, después de las 2 horas de frío. El local, en su estilo, pero el aseo era una odisea tenia menos de un metro cuadrado. No te podías dar la vuelta allí dentro, y además si no agachabas la cabeza te desportillabas la cornamenta. Allí El Pica aprovecho para desmontar toda la parafernalia de instrumentos que llevaba en la delantera de su moto porque no quería volver a romper los soportes y la dejó “limpia”, solo con el pequeño soporte del GPS principal. Una vez nutridos seguimos ruta y empezamos a subir el Anti-Atlas, un camino de más de 40 Km. con unos montes totalmente arrugados y unos grandes cañones a nuestra derecha con unas vistas espectaculares. Allí se comprueba claramente lo que es el empuje de las fuerzas del interior de la tierra, que hacen aparecer las montañas. Pero en ese paisaje no vimos ni un mísero árbol, todo seco, seco y más seco. Precipicio imponente y como en moto hay que mirar hacia donde quieres ir, había que tener la vista puesta en el caminito de lo contrario nos podríamos haber llevado más de un susto. En esas circunstancias y habiendo recorrido unos 20 Km. Nos encontramos allá arriba varios grupos de lugareños que se nos cruzaron con unos burros cargados de una especie de hierbas ó. Parece que no pesaban mucho pero el volumen era de dos o tres veces el tamaño de los pobres animales…digno de ver. Los burros iban dirigidos por unas mujeres a pie que nos pedían algo de comer. Al final de esas caravanas claro está, los hombres montados en unas mulas como abriendo y cerrando las mismas. Estos eran los que nos decían que paráramos el motor de las motos porque si no las bestias se podían asustar y podíamos ir todos rodando, precipicio abajo. No se de donde aparecieron esta gente porque llevábamos muchos Km. sin ver vida humana pero al paso que iban les quedaban muchas horas para llegar al último pueblo que habíamos dejado atrás. La vida allí indudablemente debe de ser dura, a tenor de la insistencia de las mujeres que nos pedían comida. Solo pudimos dar algo de chocolatinas porque tampoco íbamos sobrados.

Vimos una pareja de águilas enormes atacando a un perro moribundo. El Nota dijo que le pareció un oso pero coincidimos que los osos del Atlas, hacía tiempo que habían desaparecido.

Al termino de la pista de montaña nos apareció otra, más llana, de piedras y más ancha donde pudimos ir a paso “ligero”.

La ruta originaria era de Ouarzazate-Agoudal pero nos la tragamos pronto y el pueblo donde estaba previsto pernoctar era muy desolado, así que tiramos millas para llegar a Khenifra. Ya anocheciendo seguimos los indicadores hacia un Hotel, el hotelito “Ville de France”, cutre donde los haya, tenía almohadas de lana, gordas y apretadas que te garantizaban una torticolis segura. Pero nada comparado con el baño donde “El Pica y El Son” se ducharon con los calcetines por si los habitantes de las profundidades les saludaban ya que no se veía un pijo en la ducha.

 

Día 8 Khenifra – Melilla.

 

Como el día anterior hicimos bastantes Km. de más, se nos ocurrió el intentar llegar esta noche a Melilla, serían cerca de 500 Km. alternando entre asfalto y pistas… pan comido!

Empezamos muy temprano, amaneciendo ya estábamos nosotros encima de las monturas, sin desayunar y con un frío que pelaba, porque estábamos en el alto Atlas. Al principio nos sorprendió la ruta de alta montaña entre los bosques de abetos, preciosos. Para “El Timbre” la ruta más bonita de todo el viaje, era de subida sin demasiada dificultad, sin precipicios y sin polvo. Eso si, tuvimos que tirar del todo nuestro arsenal de ropa de abrigo por las bajas temperaturas. Se nos hicieron las 12 de la mañana y nosotros sin un misero café porque no encontramos nada donde poder tomarlo, así que echamos mano de nuestras reservas estratégicas y acabamos con las galletas y chocolatinas porque nos estábamos quedando “pajaritos”. Perdimos varias veces la ruta pero el olfato del Pica y El Son nos devolvía al sendero justo y sobre las 2 encontramos una ciudad, saliendo de las estribaciones de la cordillera, que se llamaba Bir Tam-tam en donde paramos en un bar al sol a tomar café y unos bocatas de huevo revuelto y queso fundido con el famoso pan redondo que nos pareció el manjar de la cena de Nochevieja. ¡Dios que rico! y ¡que hambre!, así que repetimos porque no había más variedad en el menú, era eso ó eso. Al salir de allí seguimos la ruta y comprobamos que eran rutas segundarias, muy polvorientas pero sin mucha dificultad y la verdad es que estábamos ya hartos del polvo y no nos aportaban nada nuevo, en virtud de todo el espectáculo de rutas que llevábamos a nuestras espaldas, así que a eso de las 5 de la tarde dijimos de ir buscando la salida y una hora más tarde encontramos carretera y tan solo quedaban 200 Km. para llagar a Melilla así que pusimos la directa y a eso de las 8 y media llegábamos a Melilla. Una vez realizados los trámites en la aduana, mucho más sencillos que a la entrada llegábamos a nuestro Hotel pasadas las 9.

Una vez en España habíamos acordado que nos merecíamos una buena cena, después de tanta miseria y nos dimos un festín, acompañado de un par de botellas de tinto, en un buen Restaurante del centro de Melilla. Estábamos de regreso a la civilización y se agradecía. Los casi 500 Km. nos pasaban factura y a la una de la madrugada, después de unas copitas, estábamos rendidos y volvimos al hotelito, un tres estrellas que nos pareció el Ritz Carlton.

 

 

Día 9 Melilla - Casa

 

Como la salida del Ferry era a las 14 horas pasamos la mañana recorriendo los alrededores y visitando la fortaleza de Melilla.

Al salir del barco con las motos ya pudimos comprobar, porque nos habíamos informado, que el cielo nos iba a obsequiar en nuestro viaje de vuelta a casa con algo de lo que no habíamos probado en Marruecos: el agua. Cielo absolutamente encapotado y a unos 10 Km. de Almería, las primeras gotas. Parada obligatoria en una gasolinera para poner los trajes de agua y a la marcha. El agua ya no nos daría tregua hasta llegar a casa y para colmo, a la altura de Pulpí, las últimas lluvias se habían llevado el puente de la autovía y estaba cortada por lo que tuvimos que tomar una ruta alternativa cruzando pueblos a las 10 de la noche y cayendo el agua a manta. No veíamos un carajo, no estaba señalizado y las pasamos canutas, menos mal que “El Timbre”, conocedor de la zona nos pudo sacar de aquel laberinto de carreteras y a la 1 de la madrugada estábamos en nuestro destino. Fue un final digno cerrar un viaje fantástico, paisajes para la vista espectaculares, pistas inolvidables y en fin, un lugar que para el mundo “off road” es un autentico paraíso.

 

 

¡¡Sueño cumplido!!

 

Volveremos....... In šāʾ Allāh

 

Copyright © All Rights Reserved